Hubo una época, durante los años 90 y comienzos de los 2000, en la que Chile realizó una apuesta ganadora: impulsar un mayor apetito por riesgo y fortalecer su mercado de capitales. Hacia el término de ese período, el mercado nacional alcanzaba altos niveles de actividad, con un volumen anual transado cercano a $49,1 billones, más de 200 emisores listados en bolsa y una participación de las AFP en renta variable local en torno al 18,5%, reflejando un ecosistema dinámico, profundo y orientado al financiamiento del crecimiento empresarial.
Esa fórmula fue la que llevó al país a consolidar un ciclo virtuoso de desarrollo. A través del acceso a financiamiento y la expansión del mercado, surgieron y crecieron compañías que hoy son emblemáticas, muchas de las cuales trascendieron fronteras, se transformaron en referentes regionales, generaron empleo y aportaron valor económico y social tanto en Chile como en otros países.
Décadas después, ese vínculo estratégico entre el capital institucional y el crecimiento productivo comenzó a debilitarse. La inversión de las AFP en renta variable local cayó sostenidamente hasta alcanzar un mínimo de 5,63% en 2021 y, si bien ha mostrado una recuperación reciente, llegando a 11,29% al cierre de enero de este año, continúa por debajo de los niveles observados al cierre del período anterior. En paralelo, el flujo de inversión hacia empresas emergentes y de mediano tamaño se ha reducido, afectando la profundidad, liquidez y capacidad de crecimiento de nuestro mercado de capitales.
La evidencia internacional comparable muestra que cuando existe un marco regulatorio de confianza, incentivos adecuados y un compromiso de los inversionistas institucionales, las empresas emergentes se transforman en una fuente de innovación, liquidez y retornos atractivos a largo plazo. Persistir en una lógica de cautela extrema puede terminar por generar un costo mayor que el riesgo que se busca evitar. Tenemos mercados que son justamente soluciones para darle mayor versatilidad y dinamismo a la economía mediante el atractivo por riesgo.
Hoy a nivel país, contamos con las condiciones estructurales para ese desarrollo eficiente: infraestructura de mercado moderna, talento emprendedor, capacidades de gestión y oportunidades reales de escalamiento. No obstante, el desafío está en volver a alinear incentivos, confianzas y marcos de decisión para que el ahorro contribuya efectivamente al crecimiento productivo.
El camino recorrido nos invita a reconocer que el desafío actual no es simplemente recuperar el impulso perdido, sino a redefinir el propósito del capital en un país que necesita volver a crecer. La tarea es de reactivar esa convicción que se tuvo décadas atrás, donde nuestra economía vuelva a generar oportunidades, innovación y progreso real para todas las personas.